viernes 9 de julio de 2010

POWDER RIVER (1953)



No pocas son las argucias de los directivos de Hollywood para reciclar materiales de cara a exprimir éxitos precedentes a base de secuelas o spin-offs o bien generar productos tremendamente similares con semejantes intenciones comerciales. En el caso de Powder River, en principio debiera ser estimulante el ver en los créditos iniciales el nombre de Stuart N. Lake, biógrafo de Wyatt Earp, como autor de la novela de base de la que no se menciona el título, pero una vez que empiezan a sucederse los acontecimientos del metraje, cualquier espectador avezado y con un bagaje suficiente en el género puede darse cuenta que no estamos sino ante una readaptación “libre” de su ya famosa biografía (no demasiado fiel a la realidad, todo sea dicho) sobre Earp titulada “Frontier Marshal” y ya llevada a las pantallas en tres ocasiones, todas ellas por la 20th Century Fox, reexplotando periódicamente los derechos de la novela.

Sin conocer la primigenia versión de 1934 y eludiendo conscientemente el buscar como referente Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946), ya que el maestro Ford tiró para sus dominios personales en su versión, no queda buscar referencias más que con Frontier Marshal (1939) de Allan Dwan, comprobando con estupefacción como la única labor realizada en el guión con respecto a la historia original es el hecho de sustituir los nombres de los personajes, las localizaciones y los rasgos mínimos para camuflar, como si de una capa de pintura se tratase, los atributos originales de la historia.

Dirigida por Louis King, hermano menor del más reputado Henry King, con una puesta en escena totalmente invisible, no por sutilidad, sino por formularia y primaria, ya que no llega a explotar el potencial del conjunto, por muchas veces que se haya visto, hilvanando escena tras escena con un monótono hilo falto de énfasis y sin extraer más allá de la presencia de sus intérpretes principales, un Rory Calhoun tan adusto como de costumbre, un Cameron Mitchell con el personaje más desaprovechado de la función (el álter ego de Doc Holliday, aquí con tumor cerebral en vez de tuberculosis) y una Corinne Calvet algo más espontánea que sus partenaires, dentro de lo que cabe.

Con todo, solamente nos queda mencionar un final, que si la memoria no falla, sí parece apartarse algo del original, resolviendo la película de forma que la amistad de ambos protagonistas, Calhoun y Mitchell, se vea forzada a la ruptura al ser uno el objetivo desconocido del otro, y con un pequeño buen detalle de guión: el agujero en las alforjas que va derramando su contenido de oro en polvo y cómo se percatan ambos actores de ello, único apunte inspirado, además del Technicolor de Cronjager, de este western b de consumo rápido.


FICHA TÉCNICA

Director: Louis King.
Producción: André Hakim, para 20th Century Fox.
Guión: Geoffrey Homes, según un argumento de Sam Hellman, basado en la novela “Frontier Marshal” de Stuart N. Lake.
Fotografía: Edward Cronjager.
Música: Lionel Newman.
Sonido: Bernard Fredericks, Stanley Hough.
Montaje: William B. Murphy.
Intérpretes: Rory Calhoun (Chino Bullock), Cameron Mitchell (Mitch Hardin), Corinne Calvet (Frenchie Dumont), Penny Edwards (Debbie Allen), Carl Betz (Loney Hogan), John Dehner (Harvey Logan), Raymond Greenleaf (Prudy), Victor Sutherland (Alcalde Lowery), Robert J. Wilke (Will Horn), Frank Ferguson (Johnny Slater), Walter Sande (Sam Harris), Henry Kulky, Robert Adler, Phil Cambers, Mae Marsh, Hank Worden, James Griffith, John Beradino, Stanley Andrews, Eddy Waller …
Nacionalidad y año: Estados Unidos. 1953.
Duración y datos técnicos: 74 minutos. Technicolor 1.37:1.

2 comentarios: