El western es uno de los géneros norteamericanos por excelencia, pues se centra en su historia, su cultura y sus costumbres. Sin embargo, otras cinematografías se han sentido atraídas por la lírica de la frontera, y ya en época del cine mudo los alemanes nos darían ejemplos de su visión del western. Famosa es, ante todo, la corriente que se creó en Italia durante los años sesenta, a la cual se sumaron otros países como España o Francia. En cuanto al Reino Unido, el más proclive en principio para llevarlo a efecto, dado que comparte idioma, ciertamente desde muy temprano se interesó por el género, interés que puede rastrearse hasta el mismo 1909, con A Friend In Need, de Lewin Fitzhamon. Sin embargo, pese a cierta cantidad de ejemplos mudos (muchos de los cuales sospecho que hoy están desaparecidos, si no todos), podríamos decir que el arranque sería The Frozen Limits (1939), de Marcel Varnel, con una aproximación humorística. Dejando a un lado la gran cantidad de aportaciones que el cine británico consagró sobre la conquista de Australia, con películas que ofrecen una gran similitud estilística con el western norteamericano, en los cincuenta tendremos nuevas visiones en clave de humor, entre ellas El sheriff y la rubia (The Sheriff of Fractured Jaw, 1958), uno de los films menos satisfactorios del gran Raoul Walsh, o el extraño western católico gay El demonio, la carne y el perdón (The Singer Not the Song, 1961), de Roy Ward Baker. Así pues, dejando a un lado todos estos precedentes, la mayoría limítrofes, podría decirse que el primer western, estrictamente hablando, sería Shalako (Shalako, 1968), dirigido por el norteamericano Edward Dmytryk a partir de una novela de uno de los autores más característicos del género, Louis L’Amour. Durante la primera mitad de los setenta hay, hasta cierto punto, una eclosión, y en 1979 se nos presenta Yo, gran cazador (Eagle’s Wing), con un reparto encabezado por tres norteamericanos como son Martin Sheen, Sam Waterston y Harvey Keitel, y una francesa, Stéphane Audran, y dirigidos por el extraño Anthony Harvey, realizador inglés proveniente del campo del montaje, y cuya película más celebrada puede que sea el pastiche semi-sherlockiano El detective y la doctora (They Might Be Giants, 1971).
Yo, gran cazador es un western minimalista perjudicado por una música inadecuada (parece más propia de uno de los ejemplares que protagonizó John Wayne en los setenta) y una interpretación fuera de tono por parte de Sam Waterston, por completo increíble como indio que no pronuncia una sola palabra en toda la película. De hecho, hay escasos diálogos a lo largo de la misma, y la mayor parte son declamados en español (ignoro si en los países anglosajones el film se habrá proyectado con esos diálogos subtitulados). El guión es mínimo, y no busca una progresión habitual narrando algo concreto, sino que muestra a una serie de personajes que se van cruzando en sus caminos, y cómo el intento de supervivencia en un lugar inhóspito conduce sus acciones.
La puesta en escena de Harvey, amparada en intencionalidades artísticas, se centra en fotografiar la magnificencia del entorno, en especial en la secuencia en la cual Pike se topa con el caballo blanco, rodado en un espléndido atardecer rojo plagado de truenos en la lejanía. También procura aplicar al conjunto un tono documentalista, mostrando al hombre en la lucha contra el hombre, un tanto en el estilo de la muy superior Las aventuras de Jeremías Johnson (Jeremiah Johnson, 1972), de Sidney Pollack. El resultado se deja ver con cierta curiosidad, máxime para comprobar si al final todo es tan superficial como semeja al inicio, lo cual se confirma. Es uno de esos típicos westerns de la época en la cual el cine buscaba desesperadamente un rumbo utilizando toda clase de registros a base de dar palos de ciego para comprobar si sonaba la flauta por casualidad. Carlos Díaz Maroto
FICHA TÉCNICA
Director: Anthony Harvey.
Producción: Ben Arbeid para Peter Shaw Productions.
Guión: John Briley, según argumento de Michael Syson.
Fotografía: Billy Williams.
Música: Marc Wilkinson.
Montaje: Lesley Walker.
Dirección artística: Agustín Ituarte.
Intérpretes: Martin Sheen (Pike), Sam Waterston (Toro Blanco), Harvey Keitel (Henry), Stéphane Audran (la viuda), John Castle (el sacerdote), Caroline Langrishe (Judith), Jorge Russek (Gonzalo), Manuel Ojeda (Miguel), Jorge Luke (Cielo Rojo), Pedro Damián (José), Claudio Brook (Sánchez), José Carlos Ruiz, Farnesio de Bernal, Cecilia Camacho, Enrique Lucero, Julio Lucena...
Nacionalidad y año: Reino Unido, 1979.Duración y datos técnicos: 111 min. Eastmancolor. Panavision. 2.35:1.


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