viernes, 14 de noviembre de 2008

UN COLT POR CUATRO CIRIOS (1971)


Tercer y penúltimo spaghetti-western dirigido por el tarraconense Ignacio F. Iquino, veterano realizador que debutara en 1935 con Al margen de la ley, cinta basada en hechos reales – el famoso robo del Expreso de Andalucía -, y que de unos inicios francamente prometedores, llegando a ser uno de los principales impulsores de la edad dorada del cine policíaco español con títulos como la fundacional Brigada criminal (1950) o Camino cortado (1956), con el tiempo y por razones eminentemente alimenticias, se vio avocado a la realización de productos comerciales de escasa entidad cinematográfica al gusto de las modas de cada época, llevados a cabo a través de su propia productora, IFI, S.A., que junto con Producciones Balcázar se convertiría en la más importante sustentadora del cine catalán de la época.

Este es el caso de Un colt por cuatro cirios, coproducción con Italia, pese a que la aportación de aquel país tanto técnica como artística sea invisible, y protagonizada por Robert Woods, actor estadounidense que desarrolló su carrera prácticamente en Europa al calor del éxito del western mediterráneo, el cual es acompañado por algunos característicos secundarios del cine de género español de la época, caso de Mariano Vidal Molina, Cris Huerta o el más tarde celebre Luis Ciges.

Sin duda, lo más interesante de este título lo encontramos en su, por otra parte, farragoso guión, basado en un bosilibro de Lou Carrigan, escritor que previamente ya había sido llevado a la pantalla tanto en otras cintas de similar temática que la presente, caso de La diligencia de los condenados (1970) de Juan Bosch o Veinte pasos para la muerte (1970) de Manuel Esteba, como en otras encuadradas en distintos géneros, como el film bélico No importa morir (1969) de León Klimovsky, pero que en esta ocasión no adapta un texto de ambiente western, como sería lo lógico, sino uno protagonizado por gángsteres. De este modo, la trama de la película tiene una estructura claramente policíaca, centrándose el interés de la función en descubrir la identidad del asesino del hombre que ha robado el dinero del cacique local, y el paradero de dicho botín.

Sin embargo, y pese a las referidas buenas dotes de Iquino para con el género criminal, la historia resulta totalmente predecible, no revistiendo de mayor interés que el que algunos apuntes bastante adelantados para la época ofrecen, caso de el personaje de Vidal Molina, un seudo maniaco sexual que gusta de estrangular a las mujeres con las que mantiene relaciones sexuales, o la nada disimulada intención de equiparar a los saloones del Oeste con auténticos y genuinos burdeles, que junto con otras secuencias, salpican el metraje de unas leves pinceladas de (un ingenuo) erotismo.

Por lo demás, el film es victima de una acusada desgana en su realización, fruto sin duda del poco interés que despertaba este título en particular, y el western en general en Iquino, quien hace gala de una anodina realización basada en el reiterado empleo del zoom y una planificación que brilla por su ausencia, en un conjunto en el que en algunos de sus pasajes se adivina la temprana influencia del éxito de Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinità, 1970) de Enzo Barboni - de la que Iquino realizaría un remedo poco tiempo después en lo que sería su despedida del spaghetti, de título Los fabulosos de Trinidad (1972) -, entremezclada con el habitual humor tontorrón de su director, presente por medio del personaje de Ciges, si bien no queda claro en muchos de estos momentos cómicos, cuales lo son de forma voluntaria, y cuales no.


Para terminar, señalar que según se cita en el libro Ignacio F. Iquino, hombre de cine de Ángel Comas, se realizaron varias versiones de este título, ya que se le fueron añadiendo escenas rodadas con actores nativos del país al que iba destinado cada montaje, montaje que contiene numerosos planos procedentes de otros dos eurowesterns producidos por IFISA, Oeste Nevada Joe (1965), primera aportación al género de Iquino, y Un dólar de fuego (1965) de Nick Nostro.

José Luis Salvador Estébenez (La Abadía de Berzano)
FICHA TÉCNICA

Director: Ignacio F. Iquino.
Productor: Ignacio F. Iquino.
Guión: Ignacio F. Iquino [acreditado como Steve McCoy] y Juliana San José de la Fuente [acreditada como Jakie Kelly] basado en la novela de Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez] Juega un G-Man (1965).
Fotografía: Antonio L. Ballesteros (hijo).
Música: Enrique Escobar.
Intérpretes: Robert Woods (Steve, el sheriff), Olga Omar (Hija de Farley), Mariano Vidal Molina (Roger), Cris Huerta (Oswald), María Martín (Berta, la viuda de Farley), Françoise Duchamp, Luis Ciges (Tim), Raquel Barleycorn, Irene D’Astrea, Esteban Dalmases, Carmen Gallén, Gaspar “Indio” González, Johnny “El Corso”, Ángel Lombarte, Ricardo Moyan, Francisco Márquez, Isidro Novellas, César Ojinaga, Maika Orero, Antonio Molino Rojo, Fernando Rubio, Fernando de Miragaya…
Nacionalidad y año: España, Italia. 1971.
Duración y datos técnicos: 90 minutos. Eastmancolor.

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