
Chorizo-western dirigido por José María Elorrieta, que como se puede deducir de su nombre, está ambientado en la revolución mexicana de principios del siglo XX, más concretamente, tras la primera invasión sufrida por Estados Unidos en toda su historia, la cual fue llevada a cabo por las tropas de Pancho Villa cuando atacaron la ciudad fronteriza de Columbus, en Nuevo México, en busca de armas, hechos estos que serían abordados posteriormente por otra cinta española, El desafío de Pancho Villa (1972), muy superior a la presente pese a que sus logros no pasen de simpáticos, habida cuenta de las ambiciones con las que ésta fue concebida, ya que para su rodaje su director, Eugenio Martín, contó con un elenco encabezado por actores de la talla de Telly Savallas, Chuck Connors o Anne Francis, además de unos medios bastante grandes para lo habitual en el cine español de género de la época.
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En esta ocasión, la acción se sitúa justo después de la llegada de Pancho Villa y sus hombres a su refugio en las montañas mexicanas tras la incursión en territorio norteamericano. Una vez allí, Villa forma una partida de leales que, ayudados por Don Diego, un gringo que vive a ese lado de Río Grande, volverán tras los pasos del revolucionario mexicano para recuperar un oro que éste dejó escondido en su huida, donde un tema tan propio del género en su vertiente mediterránea como la venganza será de vital importancia para la resolución de la historia.

Como se intuye ya desde el título, la cinta trata de exprimir tímidamente el éxito conseguido por la cinta norteamericana Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960) de John Sturges, remake a su vez en clave western del film nipón Los siete samuráis (Shichinin no samurai, 1954) de Akira Kurosawa, que, debido a la cantidad de clones surgidos en el cine en general, y el eurowestern en particular, podría considerarse todo un subgénero en sí mismo, pero con discretos resultados tanto artísticos como técnicos, aspecto este último donde solo destaca, y para mal, la utilización de noches americanas para las escenas nocturnas, práctica muy común en el cine español de la época, pero que en este caso llega a puntos totalmente alarmantes, ya que todas las escenas fotografiadas de esta primitiva forma se ven tan oscuras que es harto difícil, ya no apreciar, sino intuir algo de lo que está pasando en la pantalla.

De esta forma, los únicos puntos reseñables de tan intrascendental título los encontramos, por un lado, en la banda sonora de Federico Contreras, colaborador habitual de Elorrieta, no tanto por la calidad de la misma como por la ocurrencia de entremezclar temas incidentales propios junto con canciones populares mexicanas. El otro punto de interés estriba en el pesimista retrato que se nos hace desde el guión del cariz con el que fue mutando tanto Villa como su ejército, expuesto a través de los distintos miembros que conforman el grupo protagonista, desde los bandidos, cuya única razón para alistarse al lado de la revolución villista era dar una coartada para sus pillajes y asesinatos, hasta aquellos hombres que se unieron al mítico general debido a sus ideales, los menos, así como la perniciosa influencia que los primeros acabarían ejerciendo sobre estos últimos, pero todo ello mostrado sin el más mínimo desarrollo dramático que haga creíble tales cambios, como no sea el más puro mimetismo.
Por Cerebrin para La Abadía de Berzano.
FICHA TÉCNICA
Director: José María Elorrieta
Productor: Félix Sánchez
Guionista: Manuel Sebares Caso
Fotografía: Alfonso Nieva
Música: Federico Contreras
Intérpretes: John Ericsson (Don Diego), Nuria Torray (María), Gustavo Rojo (general Urbina), Mara Cruz (Vera Stevens), Ricardo Palacios (Pancho Villa), James Philbrook (Sheriff), Pastor Serrador (Manuel Sierra), Antonio J. Escribano, Juan Antonio Peral, Fernando Curiel, Reginal Guilliams, Guillermo Méndez, José L. Lluch, Regina de Julian, Rosa Giron, Mario Losier, Beatriz Savon…
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