
Si buscásemos un símil ingenieril, podríamos decir que La diligencia es la pieza sobre la que asienta todo el género del western, la película que sentó las bases sobre las que futuramente se moverían los directores en el género; pero como tal también es una pieza maestra, aquella en la que el resto de piezas encajan a la perfección y sufren el mínimo deterioro con el paso del tiempo. Nada en la película de Ford ha envejecido, y si bien se hicieron westerns que posiblemente la sobrepasaran, algunos de ellos del mismo Ford, esta siempre aguanta los embites y sabe erigirse como la obra maestra que siempre ha sido.
Mucho se ha hablado de la búsqueda del choque social entre los distintos miembros que realizan tan arriesgado viaje, siempre atendiendo a la hipocresía de los “respetables” frente a la humanidad de los “desechos sociales”, pero es que ninguno de los personajes de la película se podría salvar de la quema: un presidiario fugado en busca de venganza, una prostituta, un médico borracho, un banquero que roba las nóminas de los mineros, un caballero sureño que no es más que un jugador profesional y que “ha demostrado más de una vez que tiene buena puntería”, un marshal en busca de la recompensa por el presidirario, una estirada dama sureña, un conductor casado con una mejicana y un tanto bobo y un comerciante de whisky, en fin, un productor de “desechos sociales”.
Pero la mirada de Ford no sólo se detiene en los conflictos entre los personajes sino que va mucho más allá, a ese terreno crepuscular inherente al género y que no es exclusivo del western pre años 60: el viaje y los grandes espacios sirven como manera de escapar al peligro que suponen las ciudades y el progreso con las nuevas asociaciones. Tanto para aquellos que ya no tienen nada que perder, esos “desechos sociales” tan humanos, como para los que ya han perdido su modo de vida tras la victoria del Norte en la Guerra de Secesión.
Sería muy difícil, por no decir prácticamente imposible quedarse con un solo momento de la película porque toda ella está revestida de los geniales toques de su director: el paseo “camino de la guillotina”, la despedida de Doc Boone (Thomas Mitchell) del camarero Jerry (Jack Pennick), así como su discurso fatalista; la enagua de Dallas (Claire Trevor) al subir al coche, la presentación de Ringo (John Wayne), mostrándonos con ese zoom desenfocado el nacimiento de una estrella; los pasillos de la posta, las reacciones de Dallas en el nacimiento y en la soberbia elipsis del duelo, la última bala de Hatfield (John Carradine) apuntando a la mujer, las sombras de Lordsburg presagiando el duelo, el saloon con la tensa y casi muda espera de Luke Plummer (Tom Tyler)… Y como no, porque es imposible no mencionarla, la magistral persecución de los indios a la diligencia, coreografiada por Yakima Cannutt, y de la que deberían tomar nota muchos de los directores de acción actuales. Son solo algunos ejemplos del genio de John Ford tras las cámaras.
Sería muy difícil, por no decir prácticamente imposible quedarse con un solo momento de la película porque toda ella está revestida de los geniales toques de su director: el paseo “camino de la guillotina”, la despedida de Doc Boone (Thomas Mitchell) del camarero Jerry (Jack Pennick), así como su discurso fatalista; la enagua de Dallas (Claire Trevor) al subir al coche, la presentación de Ringo (John Wayne), mostrándonos con ese zoom desenfocado el nacimiento de una estrella; los pasillos de la posta, las reacciones de Dallas en el nacimiento y en la soberbia elipsis del duelo, la última bala de Hatfield (John Carradine) apuntando a la mujer, las sombras de Lordsburg presagiando el duelo, el saloon con la tensa y casi muda espera de Luke Plummer (Tom Tyler)… Y como no, porque es imposible no mencionarla, la magistral persecución de los indios a la diligencia, coreografiada por Yakima Cannutt, y de la que deberían tomar nota muchos de los directores de acción actuales. Son solo algunos ejemplos del genio de John Ford tras las cámaras.
Si atendemos al reparto, no podríamos poner a ninguno por encima de otro, pues todos están absolutamente geniales y dan buena muestra de ello sucesivamente: John Wayne recuperado tras una década de irrelevantes westerns se serie b como el forajido en busca de justicia, la preciosa Claire Trevor, el impagable y escarizado Thomas Mitchell, el adusto John Carradine, el bobalicón Andy Devine, el autoritario pero comprensivo George Bancroft, el colérico Berton Churchill, el preocupado y apocado Donald Meek, la fría Louise Platt.
Todo ello acompañado por una folklórica (habitual en el director) y espléndida banda sonora recompensada con el Oscar, una estupenda fotografía y los soberbios paisajes de Monument Valley, que incluso llegamos a ver nevado. Con muy buen criterio, Orson Welles acertó de pleno al ver La diligencia varias veces para realizar Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) y llegar a decir que los tres mejores directores eran “John Ford, John Ford y John Ford”.

FICHA TÉCNICA
Director: John Ford.
Productores: John Ford, Walter Wanger.
Compañía: Walter Wanger Productions, distribuida por United Artists.
Guión: Dudley Nichols, basado en una historia de Ernest Haycox.
Fotografía: Bert Glennon.
Música: Richard Hageman, W. Franke Harling, John Leipold, Leo Shuken.
Montaje: Otho Lovering, Dorothy Spencer.
2ª Unidad: Yakima Cannutt.
Intérpretes: John Wayne (Ringo Kid), Claire Trevor (Dallas), Thomas Mitchell (Josiah "Doc" Boone), John Carradine (Hatfield), George Bancroft (Marshal Curly Wilcox), Andy Devine (Buck), Donald Meek (Samuel Peacock), Berton Churchill (Gatewood), Louise Platt (Lucy Mallory), Tim Holt (Teniente), Yakima Cannutt, Jack Pennick, Francis Ford, Chris Pinn Martin...
Sí señor, una de esas pelis que si te la encuentras en la tele zapineando te la acabas por muchas veces que uno la haya visto (al menos la ves hasta la siguiente tanda de anuncios).
ResponderSuprimirUna anécdota que leí hace poco en el libro John Ford de Peter Bogdanovich y que transcribo:
P.B.: En la persecución final rompió usted una norma al fotografiar varias veces a los caballos por el lado "malo". ¿Por qué?
J.F.: ¿Dice usted por qué fui de derecha a izquierda en lugar de izquierda a derecha? Lo hice porque se estaba haciendo tarde y si me hubiera quedado en el lado correcto los caballos habrían quedado iluminados por detrás, y con la iluminación por detrás no habría podido indicar la velocidad, de forma que me fui al otro lado, donde les daba la luz a los caballos. En este caso no importaba nada. Suelo quebrantar muchas normas, a veces de forma deliberada.
Y realmente yo al menos nunca me he dado cuenta del "error", de hecho tengo pendiente el revisar la escena. Saber quebrantar las normas es propio de los genios, en cualquier disciplina, pero claro, hay que serlo para que te salga bien.
Zitor, lo que quieren decir es que en tomas distintas el coche fue filmado primero desde un lado y después desde el otro, por lo que en la pantalla primeroo va en un sentido y después en el contrario. Un error nimio.
ResponderSuprimirSin duda una magnífica película. En cierto modo un viaje iniciático para unos, de redención para otros.
ResponderSuprimirNo hace mucho la recuperé de nuevo del estante de películas y la verdad es que no me canso de verla, cada vez es como la primera ,siempre hay un detalle, un gesto o una toma que la concibes con nueva prespectiva. En este caso, la persecución final desde luego, la veré con otra presepectiva.
saludos
Eso ya lo entendí, Duke, vamos, que hasta en el libro hay una nota del traductor sobre el tema. Me refería a que viendo la película no me di cuenta. Y al hacerlo Ford de forma premeditada para mí no es un error, sino simplemente un "saltarse las normas".
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