viernes, 2 de septiembre de 2011

COWBOYS & ALIENS (2011)


La fusión entre un género tan definido como es el western y el fantástico (en este caso concreto, en su vertiente de ciencia ficción) no es tan nuevo como pudiera parecer en un inicio, y ahí tenemos un clásico como El Imperio fantasma (The Phantom Empire, 1935), de B. Reeves Eason y Otto Brower para caracterizar toda una corriente que bien merecería un tratamiento más pormenorizado. Cowboys & Aliens es una entrega más de esta curiosa modalidad, la más cara hasta el momento, acaso después de la célebre Almas de metal (Westworld, 1973), de Michael Crichton, en este caso a partir de un cómic que no he leído, pero, por lo que me cuentan, tampoco me he perdido nada, pese al atractivo punto de partida.

Así, la película escrita por un amplio equipo de guionistas (demasiados), encabezado por dos de la plantilla de J. J. Abrams, tiene la virtud de aproximarse a un planteamiento un tanto resbaladizo con seriedad, cuando tan fácil hubiera sido caer en un humor simplón e infantiloide de algo como Wild Wild West (Wild Wild West, 1998), de Barry Sonnenfeld –pésima adaptación de la maravillosa serie televisiva Jim West (Wild Wild West; 1965-1969)–, con la cual inicialmente tenía todas las cartas para haber sido comparada, pero que por suerte la supera con creces.
 El arranque es potente, con la aparición del personaje de Jake Lonergan (un sobrio Daniel Craig, que muestra un asombroso parecido con Steve McQueen, aunque ofreciendo una interpretación mucho mejor) en medio de un terreno semi-desértico sin saber quién es y cómo ha llegado ahí. Es un buen inicio para que el espectador vaya de la mano del protagonista intentando descubrir el misterio que lo envuelve. Esa parte inaugural, asimismo, es la que más se centra en mostrar una reproducción de las características iconográficas del western que, además, se ofrece no con la representación feísta-esteticista tan habitual en los últimos tiempos, sino con un look mucho más cercano al cine clásico de una época en la cual el género ya languidecía, como pudiera ser Nevada Smith (Nevada Smith, 1966), de Henry Hathaway, protagonizada precisamente por Steve McQueen.

Después, se insertan los elementos de ciencia ficción, pero para entonces el invento ya hace tiempo que se ha desmoronado. El guion no hace otra cosa que acumular todos los tópicos inherentes al western y, cuando la trama comienza a sufrir interferencias fantacientíficas, otro tanto sucede con este género, a tal punto que el resultado está exento de toda frescura y originalidad, y el espectador se encuentra con la sensación de algo ya visto, y donde el intento de desarrollar algo políticamente correcto llega al límite de lo risible (y que no especificaremos en aras de futuros espectadores). La falta de atractivo de ese esquemático guion se aúna a una puesta en escena muy poco imaginativa de Jon Favreau (que ya está claro que nunca debió abandonar su carrera de actor, aunque ahí tampoco es que luciera demasiado), que confunde clasicismo con insulsez y desarrolla las escenas de un modo mecánico y desabrido.

El apartado del reparto tampoco logra elevar demasiado el percal. Ya se ha mencionado la excelente labor que realiza Daniel Craig, pero ahí acaba todo: Harrison Ford se pasa media película imitando a John Wayne, y la otra mitad imitando a Harrison Ford; dos actores tan interesantes como Clancy Brown y Keith Carradine tienen papeles muy escasos y peor desarrollados (en especial el primero, que debe bregar con unos diálogos vergonzantes); y Olivia Wilde despliega un personaje que se pretende enigmático alternando modales chulescos y actuación inexpresiva.

El clímax final, que se esperaría épico, está pésimamente aprovechado por la carencia de intensidad de las imágenes, y la emoción que habría de desprender es por completo inexistente. Así, esta película hecha solo para entretener (argumento con el que se suelen excusar naderías del calibre de la presente) no logra reunir los mínimos admisibles en un producto de este aparente empaque, conformando un film anodino, soso y con nulos elementos para recordar una vez se ha salido de la sala.

Anécdotas

* El papel de Jake Lonergan fue previsto para Robert Downey Jr., pero no pudo acceder a él por problemas de agenda. * Daniel Craig fue elegido por su parecido con Steve McQueen. * Un guion previo fue escrito por Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer.

Carlos Díaz Maroto


FICHA TÉCNICA

Dirección: Jon Favreau.
Producción: Johnny Dodge, Brian Grazer, Ron Howard, Alex Kurtzman, Roberto Orci, Scott Mitchell Rosenberg, Damon Lindelof para Universal Pictures, DreamWorks Pictures, Reliance Entertainment, Relativity Media, Imagine Entertainment, K/O Paper Products, Fairview Entertainment, Platinum Studios.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman, Damon Lindelof, Mark Fergus, Hawk Ostby, según argumento de M. Fergus, H. Ostby, Steve Oedekerk, basado en el cómic de Scott Mitchell Rosenberg publicado por Platinum Studios. 
Fotografía: Matthew Libatique. 
Música: Harry Gregson-Williams. 
Montaje: Dan Lebental, Jim May.
Intérpretes: Daniel Craig (Jake Lonergan), Harrison Ford (Woodrow Dolarhyde), Abigail Spencer (Alice), Buck Taylor (Wes Claiborne), Olivia Wilde (Ella Swenson), Sam Rockwell (Doc), Matthew Taylor (Luke Claiborne), Cooper Taylor (Mose Claiborne), Clancy Brown (Meacham), Paul Dano (Percy Dolarhyde), Chris Browning (Jed Parker), Adam Beach (Nat Colorado), Ana de la Reguera (María), Noah Ringer (Emmett Taggart), Brian Duffy (comisario), Keith Carradine (sheriff John Taggart), Brendan Wayne (Charlie Lyle), Gavin Grazer (Ed), Toby Huss (Roy Murphy), Wyatt Russell (Little Mickey), Jimmy Jatho, Kenny Call, Walton Goggins, Julio Cedillo, Garret Noel, David O'Hara, Troy Gilbert, Raoul Trujillo... 
Nacionalidad y año: Estados Unidos 2011. 
Duración y datos técnicos: 118 min. color 2.35:1. 


viernes, 11 de febrero de 2011

VALOR DE LEY (TRUE GRIT, 2010)


Valor de ley, la popular novela de Charles Portis está narrada en primera persona por una ya madura Mattie Ross en los años 20 del siglo XX sobre las andanzas que vivió siendo una decidida adolescente en busca del asesino de su padre, acompañada por dos agentes de la ley en plena Nación Choctaw en el Salvaje Oeste. La narración de Mattie se caracteriza por un tono que alterna a la perfección el contraste entre la moral de raíz religiosa de la protagonista y los espontáneos toques de humor nacidos gracias a la recreación de una época y un lengüaje arcaicos pero vívidos, coloristas y algo nostálgicos, pero también mostrando su contrapartida ambigua, cruel y sórdida. 


Desde este punto de partida, rápidamente podemos distinguir la diferencia tomada en sus dos adaptaciones cinematográficas en lo que al tono tratado se refiere: en la primera versión, firmada por Henry Hathaway, este abordó la historia desde un punto de vista emocional, más cercano a lo dicharachero del original literario pero cambiando a la perfección el registro cuando la ocasión lo requería para contar la historia de una maduración emocional de la protagonista: Mattie, tenaz y sin amilanamientos, acaba comprendiendo que la vida puede llegar a superarnos y que todo depende de los límites que uno mismo se pone por delante, como ejemplificaba su compañero Rooster Cogburn, el desastrado y rudo Marshal Federal que le acompañaba.


En contrapartida, la versión de los hermanos Joel y Ethan Coen, anunciada como más fiel a la obra de Portis, acaba siendo a la postre mucho más libre, pero complementaria al clásico protagonizado por Wayne. En esta ocasión, los hermanos toman como opción para construir su película el carácter rígido de Mattie, mostrando por su parte las diatribas entre el bien y el mal, lo acertado y lo erróneo, lo moralmente recto y lo ambiguo de una manera que recuerda a su otra galardonada adaptación del No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007) de Cormac McCarthy.


 Para ello, los Coen, reconocidos por dinamitar las constantes de aquellos géneros que abarcan, dan por sorpresa su película de hechuras más clásicas hasta la fecha, y sorprendentes dentro de un panorama cinematográfico actual tendente al efectismo y la hipertrofia, adoptando unas formas que bien parecen en vías de extinción. Con todo, uno se queda con cierto regusto amargo al comprobar que esta mesura narrativa y visual está demasiado contenida, demasiado fría, quizá demasiado acorde a esta visión moral de la historia, pero que en parte deja en suspensión de rematarlas, pongamos por caso los morosos episodios centrales del ahorcado y el buhonero arropado con pieles de oso (ambas escenas no presentes en la novela), la escena inicial de la ejecución donde no se entrevé el carácter de espectáculo público, o el clímax final, muy bien rodado y montado, pero carente de ese halo de épica medieval que hizo canónica a su homóloga en la versión de Hathaway.


Por lo demás, en lo referente al resto de implicados de importancia en el film, cabe alabar la estupenda actuación de Jeff Bridges, en las mismas cotas de excelencia del John Wayne que ganó el Oscar por la anterior versión, así como la debutante Hailee Steinfeld, capaz de aguantar meritoriamente el tipo ante su partenaire. Mucho meno definid estánel LaBoeuf de Matt Damon, del que se nota que no se sabía que hacer mucho con su papel y aparece y desaparece caprichosamente del metraje; así como el villano encarnado por un Josh Brolin totalmente episódico, no así Barry Pepper, igual de breve que el anterior pero soberbio en la piel de Lucky Ned Pepper. Mención especial a la excelente fotografía de Roger Deakins y al recuerdo de La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955), de Charles Laughton, que trae la utilización del salmo Leaning on the Everlasting Arms en la banda sonora por parte de Carter Burwell, contrapunteando así la visión que moralmente dan los hermanos a la película.


Por último, y a tenor del largo debate que dará la elección entre ambas versiones, me mojaré a favor de vieja escuela de Hathaway & Wayne, sin restar el reconocimiento de los méritos de la presente versión y entendiendo la complementariedad existente entre ambas.


FICHA TÉCNICA

Directores: Ethan Coen, Joel Coen.
Producción: Scott Rudin, Joel Coen, Ethan Coen para Paramount Pictures.
Productor ejecutivo: Steven Spielberg.
Guión: Joel y Ethan Coen.
Fotografía: Roger Deakins.
Música: Carter Burwell.
Montaje: Joel y Ethan Coen (como Roderick Jaynes).
Intérpretes: Jeff Bridges (Rooster Cogburn), Hailee Steinfeld (Mattie Ross), Matt Damon (LaBoeuf ), Josh Brolin (Tom Chaney), Barry Pepper (Lucky Ned Pepper), Dakin Matthews (Coronel Stonehill), Paul Rae (Emmett Quincy), Domhnall Gleeson (Moon), Elizabeth Marvel (Mattie adulta), Roy Lee Jones (Yarnell), Ed Corbin (Bear Man), Leon Russom (Sheriff), Bruce Green (Harold Parmalee), Peter Leung (Chen Lee), Don Pirl (Cole Younger), Joe Stevens (Abogado Goudy), J.K. Simmons (Abogado Daggett [voz])...
Nacionalidad y año: EE.UU. 2010.
Datos técnicos: 2:40:1. Color.

viernes, 9 de julio de 2010

POWDER RIVER (1953)



No pocas son las argucias de los directivos de Hollywood para reciclar materiales de cara a exprimir éxitos precedentes a base de secuelas o spin-offs o bien generar productos tremendamente similares con semejantes intenciones comerciales. En el caso de Powder River, en principio debiera ser estimulante el ver en los créditos iniciales el nombre de Stuart N. Lake, biógrafo de Wyatt Earp, como autor de la novela de base de la que no se menciona el título, pero una vez que empiezan a sucederse los acontecimientos del metraje, cualquier espectador avezado y con un bagaje suficiente en el género puede darse cuenta que no estamos sino ante una readaptación “libre” de su ya famosa biografía (no demasiado fiel a la realidad, todo sea dicho) sobre Earp titulada “Frontier Marshal” y ya llevada a las pantallas en tres ocasiones, todas ellas por la 20th Century Fox, reexplotando periódicamente los derechos de la novela.

Sin conocer la primigenia versión de 1934 y eludiendo conscientemente el buscar como referente Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946), ya que el maestro Ford tiró para sus dominios personales en su versión, no queda buscar referencias más que con Frontier Marshal (1939) de Allan Dwan, comprobando con estupefacción como la única labor realizada en el guión con respecto a la historia original es el hecho de sustituir los nombres de los personajes, las localizaciones y los rasgos mínimos para camuflar, como si de una capa de pintura se tratase, los atributos originales de la historia.

Dirigida por Louis King, hermano menor del más reputado Henry King, con una puesta en escena totalmente invisible, no por sutilidad, sino por formularia y primaria, ya que no llega a explotar el potencial del conjunto, por muchas veces que se haya visto, hilvanando escena tras escena con un monótono hilo falto de énfasis y sin extraer más allá de la presencia de sus intérpretes principales, un Rory Calhoun tan adusto como de costumbre, un Cameron Mitchell con el personaje más desaprovechado de la función (el álter ego de Doc Holliday, aquí con tumor cerebral en vez de tuberculosis) y una Corinne Calvet algo más espontánea que sus partenaires, dentro de lo que cabe.

Con todo, solamente nos queda mencionar un final, que si la memoria no falla, sí parece apartarse algo del original, resolviendo la película de forma que la amistad de ambos protagonistas, Calhoun y Mitchell, se vea forzada a la ruptura al ser uno el objetivo desconocido del otro, y con un pequeño buen detalle de guión: el agujero en las alforjas que va derramando su contenido de oro en polvo y cómo se percatan ambos actores de ello, único apunte inspirado, además del Technicolor de Cronjager, de este western b de consumo rápido.


FICHA TÉCNICA

Director: Louis King.
Producción: André Hakim, para 20th Century Fox.
Guión: Geoffrey Homes, según un argumento de Sam Hellman, basado en la novela “Frontier Marshal” de Stuart N. Lake.
Fotografía: Edward Cronjager.
Música: Lionel Newman.
Sonido: Bernard Fredericks, Stanley Hough.
Montaje: William B. Murphy.
Intérpretes: Rory Calhoun (Chino Bullock), Cameron Mitchell (Mitch Hardin), Corinne Calvet (Frenchie Dumont), Penny Edwards (Debbie Allen), Carl Betz (Loney Hogan), John Dehner (Harvey Logan), Raymond Greenleaf (Prudy), Victor Sutherland (Alcalde Lowery), Robert J. Wilke (Will Horn), Frank Ferguson (Johnny Slater), Walter Sande (Sam Harris), Henry Kulky, Robert Adler, Phil Cambers, Mae Marsh, Hank Worden, James Griffith, John Beradino, Stanley Andrews, Eddy Waller …
Nacionalidad y año: Estados Unidos. 1953.
Duración y datos técnicos: 74 minutos. Technicolor 1.37:1.

sábado, 12 de junio de 2010

PASSAGE WEST (1951)



Qué pena le entra a uno cuando una película desaprovecha sus posibilidades, cuando teniendo ingredientes para lograr unos resultados encomiables se queda a mitad de camino, y sin llegar a ser un fracaso permite percibir con claridad aquellos hipotéticos logros que no ha sabido explotar. Esto es precisamente lo que sucede con Passage West, western de la Paramount dirigido por el habitual del estudio Lewis R. Foster con John Payne y Dennis O’Keefe a la cabeza de cartel, equipo que un año antes ya ofreciera otro western de similar nivel en cuanto a producción se refiere.

Partiendo de un guión propio cuyo argumento -elaborado por Alvah Bessie, que hubo de ceder su nombre en los créditos al actor Nedrick Young, por estar en las listas negras mccarthystas- es especialmente efectivo (un grupo de convictos fugados que se adueñan de una caravana), sin embargo Foster se muestra incapaz de aportar una dirección que vaya más allá del puro servicio funcional, faltándole la inspiración y el dinamismo que pudiera haberle aportado un cineasta más imaginativo. Con sólo pensar en la habilidad  de alguno de esos veteranos directores de acción George Sherman o William Whitney sería más que suficiente…

Sin embargo, pese a ello Foster no consigue anular el potencial de la trama, especialmente durante la primera mitad de la película, la que recoge todo el tramo del viaje a la caravana, con el acierto de eludir totalmente a los perseguidores de los convictos y  marcada por la tensión creada entre los pacíficos miembros de ésta y la banda de despóticos fugitivos que tiranizan a los primeros, liderados por el atractivo y antiglamuroso personaje de John Payne, bien ejecutado por el actor, sin duda el mejor del reparto junto a Frank Faylen; cuyas arbitrarias decisiones cuestan la vida incluso a un bebé de pocos meses (he aquí quizá la mejor escena de la película, con la madre trastornada cantando una nana a la cuna vacía).

En la segunda mitad, más sedentaria y dedicada a desarrollar las consabidas relaciones afectivas entre los personajes de Payne y la Whelan, y a la resolución de algunas tramas secundarias, pierde fuelle con respecto a la anterior, puesto que lógicamente la superfluidad de estas es bastante menos interesante que los tempestuosos choques del acto anterior.

Con todo, el tramo final retoma el vuelo debido en primer lugar a un par de detalles de interés, cuando tras ayudar los fugitivos a construir la ciudad, son incapaces de entrar a misa y tras acabar esta los ciudadanos, vestidos ya todos respetablemente, no disimulan su recelo ante los primeros. En segundo lugar, y de forma más destacada, el clímax está especialmente logrado, tras descubrir una veta de oro en el túnel que hará de almacén local, los forajidos decidirán quedárselo para ellos, mientras que Payne, culminando su redención con la autoinmolación para librar a la comunidad de las manzanas podridas, y que hace pensar en una sugerente idea, muy pesimista, eso sí; relacionada con la condición que en esos momentos sufría el creador de la historia que dio origen al film: la inmolación como sacrificio para volver al redil de  una sociedad que desprecia a la oveja descarriada.



FICHA TÉCNICA

Director: Lewis R. Foster.
Producción: William H. Pine y William C. Thomas, para Paramount.
Guión: Lewis R. Foster, según argumento de Alvah Bessie, bajo crédito de Nedrick Young.
Fotografía: Loyal Griggs.
Música: Mahlo Merrick.
Sonido: Hugo Grenzbach.
Montaje: Howard Smith.      
Intérpretes: John Payne (Pete Black), Dennis O’Keefe (Jacob Karns), Arleen Whelan (Rose Billings), Frank Faylen (Curly), Mary Anderson (Myra Johnson), Peter Hansen (Michael Karns), Richard Rober (Mike), Griff Burnett (Papa Emil Ludwig), Dooley Wilson (Rainbow), Mary Field (Miss Swingate), Richard Travis (Ben Johnson), Mary Beth Hughes (Nellie McBride), Arthur Hunnicutt (Pop Brennan), Susan Whitney, Paul Fierro, Guy Wilkerson, Victor Kilian, Walter Reed, Earle Hodgins…
Nacionalidad y año: Estados Unidos. 1951.
Duración y datos técnicos: 80 minutos. Technicolor 1.37:1.

martes, 18 de mayo de 2010

CUATRO CARAS DEL OESTE (FOUR FACES WEST, 1948)



El western es uno de los géneros menos valorados por gran cantidad de la cinefilia concienciada, quien lo delega a un asunto de evasión trivial que está reservado a ancianitos que rememoran sentados ante el televisor sus días de infancia, cuando este tipo de películas se rodaba masivamente. Si muchos de estos cinéfilos incluso miran condescendientemente películas de autores reconocidos como John Ford, Anthony Mann o Delmer Daves, la serie B está relegada al mayor de los desprecios. Cuatro caras del Oeste (Four Faces West, 1948) es un magnífico ejemplo del alto nivel medio de calidad del género en aquella época, amén de una muestra algo atípica.

Protagoniza Joel McCrea, posiblemente quien, junto a Randolph Scott, detenta el podio de intérpretes característicos del western de serie B. No en vano, Sam Peckinpah hizo encabezar el reparto a ambos en la modélica Duelo en la Alta Sierra (Ride the High Country, 1962), como representación arquetípica de un Oeste que en aquellas fechas iba desapareciendo lentamente. En 1948 el género estaba en plena eclosión, sin embargo el uso de este actor responde a motivos similares. De rasgos amables y atractivos, McCrea era el paradigma del vaquero melancólico y defensor de la ley protagonista de innumerables westerns de los 40 y los 50. En 1949 protagonizó la excelente Juntos hasta la muerte (Colorado Territory), donde uno de los grandes del cine norteamericano, Raoul Walsh, jugaba con su papel modélico otorgándole el papel de forajido; sin embargo, un año antes ya se había tributado un personaje similar en la presente, volteando la imagen que se tenía del actor, e impregnándola además de no poca ambigüedad.

El film está basado en una novela del especialista en la temática Eugene Manlove Rhoads, Paso Por Aqui (1926) -así, en español y sin tildes-, que convierten en un boceto cinematográfico William Brent y Milarde Brent, después desarrollado a modo de guión por C. Graham Baker y Teddi Sherman, quienes realizan una extraordinaria labor. Joel McCrea, como decíamos, es el forajido, que se hará llamar Ross McEwen. Al inicio del film asalta el banco, con suma amabilidad y simpatía, por cierto, huyendo tras el golpe. Será mordido por una serpiente, poco antes de intentar tomar un tren para despistar a la batida que ha salido tras él, percance que a punto estará de costarle perder su nuevo medio de locomoción; para subir al caballo de hierro será ayudado por Monte Márquez, un enigmático mexicano y, después, para curar sus heridas, le socorrerá Fay Hollister, una hermosa enfermera que viaja en el tren. Ya tenemos tres de los cuatro vértices (las cuatro caras) de la historia; el cuarto es el Sheriff Pat Garrett, el defensor de la ley y la justicia perseguidor del forajido.

Pat Garrett (1850-1908) fue un personaje real, amén de mitificado, del Oeste norteamericano. Trabajó de vaquero, cazador de búfalos, propietario de saloon y fue sheriff en Lincoln County, donde se topó con William Bonney, más conocido como Billy el Niño, y se hicieron grandes amigos. Sin embargo, cuando Billy fue considerado forajido, Garrett partió tras él, y acabó asesinándolo mientras el muchacho dormía plácidamente. La muerte de Billy el Niño por parte de Garrett es mencionada al inicio del film, como un acto heroico de Garrett para aplicar la justicia. Después, Garrett partirá tras McEwen de forma enconada y despiadada, sin inmutarse. Amén de ello, el banquero asaltado por McEwen ofrecerá una recompensa de tres mil dólares por él, mil más de lo que le robó, lo cual demuestra que la sustracción no le resulta demasiado punitiva, e incluso después insistirá que lo quiere bien muerto. McEwen, mientras, encontrará una amistad sincera y el amor, y después sacrificará su libertad, y quizás su vida, salvando de la muerte a una familia mexicana a causa de la difteria.

Garrett, interpretado de forma magistral por Charles Bickford (quien, además, muestra un notorio parecido físico con el auténtico Pat) tiene una especie de segunda oportunidad para compensar lo que hizo con Billy el Niño, a tal punto que la historia puede considerarse como un trasunto de aquel suceso. Garrett, inmisericorde, finalmente quedará anonadado ante el comportamiento de McEwen, dejando patente que muchas veces quien está al otro lado de lado de la ley no ha de ser necesariamente una mala persona, y quien la “defiende” en ocasiones no está impulsado por causas nobles.

Esa disyuntiva impregna la película en su totalidad, otorgándole una atractiva ambigüedad, haciendo que el espectador se sienta identificado con el “malo” o mostrando rechazo por el “bueno”, subvirtiendo los arquetipos.

Si la historia resulta espléndida, no lo es menos la puesta en escena del poco valorado Alfred E. Green. Realizador desde 1916, quizás la más famosa de las películas de su primera etapa sea la versión muda de El pequeño lord (Little Lord Fauntleroy, 1921) protagonizada por Mary Pickford. Dirigió más de un centenar de películas a lo largo de su carrera, que finalizó en televisión, y tocó gran cantidad de géneros, si bien destacó en el western, siendo en todo caso la presente su película más popular, junto a, quizás, la convencional comedia musical Copacabana (Copacabana, 1947), con Groucho Marx y Carmen Miranda. Aquí, Green aplica a las imágenes la impronta del cine negro, jugando con las sombras como reflejo de los estadios emocionales de los personajes, e incluso en las tomas diurnas la fisicidad de los negros prepondera en la fotografía excepcional de Russell Harlan. Los encuadres en picado y contrapicado, para destacar un personaje por encima del otro, predominan a lo largo del film, que supone una fábula de la vieja frontera acerca de la nobleza y el respeto por encima de los demás valores.
Carlos Díaz Maroto

  
FICHA TÉCNICA

Dirección: Alfred E. Green.  
Productor: Harry Sherman para Enterprise Productions, Harry Sherman Productions, United Artists.  
Guión: C. Graham Baker, Teddi Sherman, según una adaptación de William Brent y Milarde Brent de la novela Paso Por Aqui de Eugene Manlove Rhoads. 
Fotografía: Russell Harlan.  
Música: Paul Sawtell.  
Montaje: Edward Mann.  
Diseño de producción: Duncan Cramer.  
Intérpretes: Joel McCrea (Ross McEwen), Frances Dee (Fay Hollister), Charles Bickford (Pat Garrett), Joseph Calleia (Monte Márquez), William Conrad (Sheriff Egan), Martin Garralaga (Florencio), Raymond Largay (Dr. Eldredge), John Parrish, Dan White, Davison Clark, Houseley Stevenson, George McDonald, Eva Novak, Sam Flint...  
Nacionalidad y año: Estados Unidos 1948.  
Duración y datos técnicos: 89 min. B/N 1.37:1.

jueves, 6 de mayo de 2010

THE LAWLESS FRONTIER (1934)



Mucho ha cambiado la percepción del cine, tanto para la industria como para los espectadores, a lo largo de su historia. A cualquier aficionado actual sin la suficiente perspectiva puede tomarse a la ligera despectivamente el que se le diga que en las décadas de los 30 y 40 se hacían películas cuya única función era ser el complemento de otras de mayor enjundia, contentar a la chiquillería y completar las sesiones dobles o triples de sábado por la tarde. No son películas hechas para tomarlas totalmente en serio y muy seguramente haya que analizarlas en ese sentido.

The Lawless Frontier es una de las 16 películas que un jovenzuelo John Wayne, relegado a la serie b tras el fracaso económico de La gran jornada (The Big Trail, 1930), realizó para el productor Paul Malvern y distribuidas por la Monogram bajo el sello Lone Star, habitualmente dirigidas por Robert N. Bradbury con guión propio o de Lindsley Parsons y el concurso de dos personalidades de lustre, el gran George “Gabby” Hayes, como adlátere maduro de Wayne o padre/abuelo de la chica y el no menos mítico stuntman Yakima Canutt a cargo de la acción y de varios secuaces del villano. Los presupuestos muy puntualmente superaban los 10.000 dólares, una cifra totalmente irrisoria comparada con cualquier blockbuster actual.

Como en la mayoría de los films de la serie, el argumento es prototípico: el héroe busca al hombre culpable de la muerte de algún familiar en tal de saldar cuentas, encuentra a alguna granja cuya familia está siendo acosada por la banda de felones de turno, cuyo jefe es por lo general el hombre al que busca nuestro héroe. A partir de aquí es donde cabe apuntar las singularidades de cada producción por separado.

En el caso de The Lawless Frontier, hay que destacar la escena inicial ya que está particularmente lograda en comparación con el resto del film: a través de una ventana vemos, de noche, a un hombre mirar hacia el interior en plano medio, a continuación se corta a un plano que muestra el interior de la vivienda con un matrimonio y vuelve a cortar al hombre de la ventana que dispara a través de los cristales y huye. Acto seguido, llega el héroe Wayne al escuchar los tiros y queda enmarcado por la puerta en penumbra, completamente a contraluz, y enciende una cerilla que permite vislumbrar en su rostro el hallazgo. Mientras agacha la cabeza apenado el fósforo se apaga solo, para el que esto escribe, una idea totalmente imaginativa para un producto de este tipo.

También destacan el malo de la función, Pandro Zanti, uno de los más pintorescos del ciclo, un mestizo vestido de mexicano que parece una especie de Cisco Kid villanesco, interpretado por Earl Dwire, otro de los secundarios habituales de la serie en su cometido más relevante; así como unas localizaciones mejor seleccionadas de lo habitual, correctamente fotografiadas por Archie Scout, futuro cámara de John Ford.

Pero si hay algo que realmente es de elogiar son las escenas de acción, las largas cabalgadas que pueblan todo el metraje, totalmente físicas y sin doblez que no sea la pura realidad: cuando un caballo cae, el jinete (Canutt y en ocasiones el propio Wayne) se la pega de verdad y salía contusionado y sucio de morder el suelo, aun sabiendo que contaban con elementos de seguridad y sistemas de cables para dañarse lo mínimo tanto ellos como los animales, algo que habría que alabar, especialmente en estos tiempos donde lo que prima son estruendosas, mástodónticas y raramente complacientes pirotecnias generadas por ordenador.


FICHA TÉCNICA

Director: Robert N. Bradbury.
Producción: Paul Malvern, para Lone Star/Monogram.
Guión: Robert N. Bradbury.
Fotografía: Archie Stout.                     
Música: Sam Perry.
Montaje: Charles R. Hunt.
Sonido: Ralph Shugart.
Intérpretes: John Wayne (John Tobin), Sheila Terry (Ruby), George “Gabby” Hayes (Dusty), Earl Dwire (Pandro Zanti), Jack Rockwell (Sheriff Luke Williams), Yakima Canutt (Joe), Jay Wilsey (Secuaz), Gordon De Main (Delegado Miller), Lloyd Whitlock…
Nacionalidad y año: Estados Unidos, 1934.
Duración y datos técnicos: 52 minutos. 1.37:1. Blanco y negro.

lunes, 26 de abril de 2010

El Arrecife de Donovan


No contento con el poco tiempo que últimamente le dedico a este Territorio Ranown, un servidor se ha embarcado en una nueva aventura bloguera en la que trataré de abarcar otros géneros cinematográficos y otros puntuales vicios culturales que ocasionalmente se presenten.

Se trata de El Arrecife de Donovan, reducto para aquellos que puedan presumir de ser animales tabernarios, adeptos de licores varios de mala muerte, individuos solitarios de triste melancolía, bravucones de puños rápidos, filósofos de barra para temas trascendentalmente intrascendentes y cualquier otro miembro de esa fauna humana que pueblan estos reinos bañados por los sueños y anhelos artísticos de la mente humana.

Ya sabéis, si no tenéis por donde dejaros caer muertos, siempre seréis bien recibidos en EL ARRECIFE DE DONOVAN.